Publicado: 2 de Noviembre de 2017

De acuerdo con los estudios de la Organización Mundial de la Salud para el año 2020 las principales causas de la baja laboral en el mundo serán la depresión y la ansiedad- Y según los datos del Instituto Nacional de Estadísticas, el 59% de los trabajadores españoles sufren de algún tipo de estrés en su puesto laboral.

Dada la importancia que tienen los trastornos depresivos para la determinación de la contingencia profesionales es necesario establecer que son aquellos que tienen su origen en el desarrollo de una actividad laboral y que producen alteraciones de la salud que pueden ser considerados como enfermedad profesional o accidente de trabajo.

Es necesario que el trabajo sea el único factor causal, no es suficiente que la patología se desencadene a consecuencia del modo de que el trabajador tengan determinadas vivencias sobre determinados aspectos de la relación laboral y no confluyan otros elementos desencadenantes de una crisis depresiva y no provengan de una patología de la personalidad ya sean fisiológicos o psicológicos.

Así lo determina una sentencia del TSJ del País Vasco de fecha 04/03/2008 (AS 2008, 1395) que establece: “En este concreto tipo legal de accidente laboral no basta con que el trabajo sea elemento que incide en la génesis de la enfermedad, sino que ha de ser el único factor causal de la misma, por lo que no tiene esa calificación legal cuando la enfermedad es fruto de la confluencia de varias causas, algunas de las cuales proviene del trabajo, pero no otras. Conviene no confundir pluralidad de causas reales con variedad de causas posibles”.

Aquí exponemos una sentencia del TSJ de Andalucía de junio de 2017, siendo el caso de una trabajadora que padecía el síndrome “burn out” producto de un estrés laboral crónico cuya materialización se manifiesta en el cansancio emocional (pérdida progresiva de energía, desgaste, agotamiento y fatiga) como consecuencia de la forma en que desempeñaba de forma autoexigente y en puesto de trabajo de responsabilidad (era directora de fábrica).

La sentencia considera que una “trayectoria como la de la demandante, con una situación permanente de autoexigencia y responsabilidad aprovechados por la empresa (sin que esta afirmación respecto de la empleadora en el contexto en el que incluimos suponga una critica o desvalor), para mantener una adecuada gestión de sus servicios, (en palabras de los trabajadores que han accedido al relato fáctico, la actora era “el alma de la empresa”) no puede extrañar que conduzca tras mucho años de intensidad, y en un momento de cambios, a una situación como la denominada “burn out”. Y para alcanzar la conclusión, tal y como vienen haciendo en general los Tribunales Superiores de Justicia, es decisivo tener en cuenta la existencia de procesos morbosos previos que puedan llevarnos a entender una determinada tendencia o factores de otra naturaleza ajenos al trabajo que conforme una personalidad ya de por sí susceptible de incurrir en este tipo de patologías. Y en este sentido es importante recordar que ya en los años 2000 y 2006 la demandante obtuvo dos bajas médicas por estrés, lo que viene a casar adecuadamente con el tipo de trabajo intenso y de gran responsabilidad al que se sometía, y en la forma en que lo llevaba a cabo, Sentado lo anterior, consideramos que ha concluirse que el proceso de incapacidad temporal iniciado el 24/06/2010 al que se le acumulo el de 15-3-2011 y así mismo la situación de incapacidad permanente total reconocida deben considerarse derivadas de contingencia profesional”.

Siendo importante establecer que la propia sentencia determina que no es importante en ese contexto que la trabajadora presentaba rasgos de una personalidad anancástica, es decir, aquellas personas perfeccionistas y a su vez inseguras que tienen que tener todo controlado, personas rígidas que no son capaces de salir de sus esquemas.

Te adjuntamos la sentencia completa del TSJ de Andalucía de junio de 2017 para que puedas descargarla y revisarla al completo

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